|
Mierda. Ya estoy otra vez igual. Miro el reloj. Los minutos pasan. Y las horas también. Supongo que debe darlo el nombre. Las ideas pasan por mi cabeza y se llevan la ilusión con ellas. Me siento perdida y no estás para consolarme. Y sé que tú también necesitas consuelo. Dime, ¿qué hago? Ni siquiera sé qué hacer con mi vida. Ya sabes, con esa pequeña parte manipulable. Tengo una casa vacía. Quiero llenarla de cosas: de vida. Pero no hay nada. Me cuesta ser feliz en esta ciudad. También debe darlo el nombre. Y me gustaría coger las maletas y largarme lejos. Pero creo que todo seguiría igual cuando volviese. Supongo que puede huir de muchas cosas, pero no de ti mismo. Las zapatillas de correr parecen cansadas. Y yo también lo estoy. Tengo que tomar una decisión y estoy asustada. ¿Hago lo correcto? Imagino que depende de quién mire. Y lo cierto es que me da igual. Sólo quiero ser feliz. Echo de menos la paz del zulo con encanto y sus puestas de sol. Echo de menos el mar, el río y la arena. Echo de menos esa sensación que me resultaba tan extraña y a la vez tan gratificante. Me sentía en paz. Y las risas, las fotos, las sábanas revueltas... Voy a decirle cuatro cosas a esas zapatillas y le diré al reloj que pare. Voy a dejar de contar los minutos que no valen nada y a pensar más en mí. "¿Qué va a ser esta vez, astronauta?", me pregunta ella. "Sólo quiero no sentirme enjaulada", respondo yo. Anna. |
| Leave a Comment: |