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"Hay un universo de pequeñas cosas que sólo se despiertan cuando tú las nombras". Eso es lo que decía Alejandro Sanz en aque disco maldito. Yo estaba segura de que me traía mala suerte. Al fina te das cuenta de que no hay más suerte que la que tú te construyes. Es algo de lo que ya he hablado otras veces. Siempre he pensado que la felicidad venía con fecha de caducidad y supongo que me daba miedo consultarla. Era mejor vivir el momento mientras durase y no amargarse pensando en cuándo ocurriría. Y de pronto estoy en las fiestas de un pueblo a las que fui hace ya mucho tiempo. Sabía que ella estaba allí. Es algo parecido a lo que me pasa con las arañas: noto su presencia. Aún así creo que siempre se me dio bien resolver ese tipo de situaciones. Creo que actúo de un modo diferente al que la gente espera. Por eso, cuando me dices que me conoces y que haría tal o cual cosa en X situación, entonces pienso en lo mucho que te queda por ver y en que no sé si eso tiene por qué gustarte. JC dice que pongo fantasía a las cosas que cuento. Supongo que por eso este blog se llama como se llama. Supongo también que las cosas son más bonitas cuando se miran desde otra manera. Y entonces recuerdo aquella vez que me invitaste a tumbarme sobre la cama y 'jugar' a lo que yo llamaba 'el murciélago'. Querías que mirara las cosas desde otra perspectiva. Y lo cierto es que ya había jugado a ese juego otras veces, pero parecía diferente. A veces me gustaría darte un lápiz y decirte que dibujases lo primero que se te pasase por la cabeza. Seguramente me dirías que no se te da bien pintar, pero terminarías accediendo. No sé lo que trazarías con tus lápices de colores, los mismos con los que te imagino cuando me dices que estás 'trabajando'. Sólo sé una cosa: no me dejaría indiferente. Y entonces recuerdo otra historia. Es una historia un poco triste que habla sobre un balón de baloncesto y también sobre un candado. Trata de un corazón de roto, de lágrimas y de decisiones mal tomadas. De actuaciones mal llevadas. Me veo justificando los impulsos que condujeron a una persona a la que ni siquiera conocí y a la que no aprecio (precisamente). Creo que en el fondo todos nos equivocamos alguna vez, todos somos cobardes. Ahora voy a tumbarme sobre la cama y mirar el mundo al revés. No sé si tiene mucho sentido o no, pero siento que así todo parece estar en orden. Tal vez de paso caigan los sueños rotos o los pensamientos negativos. Puede que incluso desaparezcan los miedos más enredados a esa parte de sombra con la que yo misma debo aprender a manejarme. ¿Juegas? Anna. |
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