Miércoles. Llueve. Mierda, tengo clase de conducir. Me visto corriendo y me voy rumbo a la autoescuela. Mierda otra vez, se me va a ondular el pelo. ¡Maldita lluvia! La clase no va mal. He conseguido controlar al Polifemo que habita en el interior de mi profesor a base de hacer las cosas mejor. Así no tengo miedo al coche. Profe 0, Ana 1.
No entiendo a la gente de mi trabajo. Cada día me cuesta más. Hasta hace poco Caracol era una de las pocas personas en las que confiaba. De pronto, el lunes me encuentro un email suyo poco amigable que no logro entender. ¿Pero qué les pasa a todos? ¿Acaso están siendo víctimas de una especie del virus de la enemistad? ¿Qué mosca les ha picado? No lo entiendo. Pero, ¿sabéis qué es lo peor? Que ya me da igual.
Llego al trabajo y me encuentro a Pau, que se baja a desayunar con otros dos compañeros y me dice que me vaya con ellos, pero no, encuentro la excusa perfecta para evitarlo y vuelvo al trabajo veinte minutos después. ¿Para qué voy a ir? Si sé que todo lo que diga será utilizado en mi contra. Estoy cansada de ser analizada. Pau no tiene la culpa, pero es que, sinceramente, tengo miedo.
Entonces llega la hora de la comida y tres cuartos de lo mismo. Hoy me agencio una rueda de prensa que tiene lugar a medio día para evitar comer con ellos. ¿Me están apartando del mundo? O peor aún, ¿me estoy apartando yo?
Y justo esta semana Al no puede venir ningún día. Me siento muy sola.
Entonces veo a Hugo en la distancia. Hugo es un encanto. Muy buen chico. Cuando me ve me abraza y me da dos besos muy alegre, porque hacía tiempo que no nos veíamos. Y yo pienso lo agradable que es ver que alguien se alegra de verte. Ya sabéis, notar un cariño, un algo.
No estoy triste, estoy desconcertada, en alerta.
Me acerco con mi solicitud de vacaciones a uno de mis jefes y, sorprendemente, no me pone ni una pega. Regreso más feliz a mi sitio pensando que no me vendrán mal unos días de relax.
No sé qué pasará después. De momento, despacito, paso a paso. "No te embales", como dice mi profe. Supongo que todo es cuestión de ir siempre hacia delante, pero sin dejar de mirar por el espejo retrovisor, y es que nunca sabes quién te la puede jugar.
Anna.