Nunca se deja de crecer... al menos espiritualmente, ¿no?
Vale, no soy de las que empiezan la casa por el tejado. Despacito y con buena letra. He aprobado el examen teórico... ¡A la primera! Y más feliz que una perdiz. Ya casi puedo verme cantando 'Voy en un coche' de Christina Rosenvinge en un descapotable con un pañuelo en la cabeza, gafas de sol y el pelo rubio bailando con el viento... Ok, lo reconozco, se me ha ido.
Han sido unas semanas difíciles, de ahí mi ausencia. Laboralmente, todo es una mierda. Bueno, todo no, porque al menos han tenido lugar una serie de agradables mejoras. Claro que si tienes en cuenta que me jodieron mi cumple, el de mi sis, mi aniversario, o mis vacaciones de Semana Santa, de las cuales me hicieron volver, os podéis imaginar el cúmulo de sentimientos variados que he podido llegar a encerrar en este pobre corazón mío.
Subieron a todos el sueldo menos a mí, alegando que había sido la última en llegar a la empresa. Y no digo que no tengan razón, pero si quieren ser justos, que sean justos con todos y a todos los niveles. Ya sabéis como va esto... Ni agradecido, ni pagado, y nunca mejor dicho.
En el amor... Bueno, es algo de lo que ahora no me veo muy capaz de hablar. Parece que vivo en una crisis de la que, cuando logro salir, alguien se empeña en volver a meterme. Ale, a empujones, o como sea, el caso es que una no se puede ir a la cama tranquila. Y luego vienen las pesadillas y uno (una en este caso) le coge manía incluso a esto de dormir, que dicen que es tan bueno y tan sano.
¿Y qué pasa con los amigos? Una de mis mejores amigas está enfadada conmigo por algo que me duele mucho, y es el rollo este del teléfono escacharrado. Lo típico del yo dije, él dijo, tú dijiste. Esa clase de líos de la que siempre intento huir y en la que, no sé cómo, siempre termino viéndome implicada. Mi conciencia está tranquila, pero me duele saber que lo ha pasado mal al pensar que yo he podido decir algo malo de ella. Espero que todo se aclare pronto y vea que yo nunca sería capaz de decir nada en su contra, porque ni siquiera lo pienso ni lo he pensado jamás.
Y bueno, hasta hace poco estaba bastante preocupada con el tema de mi inminente independencia. Ahora qué os voy a decir. Que me gusta llegar a casa y sentirme también protegida (lo de también es por lo que he puesto antes de Paula). Me encanta sentarme en mi cama y leer o ver la tele. Es algo simple, pero que de vez en cuando se necesita. Y saber que si me da el bajón les tengo a ellos es importante. Y es que en este momento les necesito mucho. Digamos que todo lo que había construido en mi cabecita se ha esfumado. Al dice que soy muy radical, pero si una amiga me dijera que se va a vivir con una persona y tiene dudas, le aconsejaría que esperase hasta que esas dudas se disiparan.
Hace tiempo que dejé de creer en el amor. Creo en las personas, o al menos en algunas. Y creo en mí. Pero el amor es algo que hay que cuidar mucho y si lo descuidas, lo pierdes. No os voy a mentir, estoy terriblemente triste. He tenido tantas presiones últimamente que he ido aplazando este tema, pero llega un momento en el que tengo la necesidad de estallar y, por qué no, también de llorar. Quiero llorar y desahogarme. Soltarlo todo.
Ya no tengo miedo. Es desasosiego, desesperanza. Cierro los ojos y veo imágenes que no me gusta. Escucho frases que me hierven la sangre.
Ahora tengo la ilusión de las clases prácticas. Tengo muchísimas ganas de empezar a conducir, tener mi cochecito, e ir construyendo esa independencia sin prisas, a mi ritmo y, sobre todo, estando segura de cada paso.
Esta noche tenemos fiesta en el trabajo para celebrar que a algunos sí les han ascendido. Brindaré por mi aprobado (sólo un error) y me olvidaré de todo, al menos por un día.
Seguiremos informando...
Anna.