Creo que en mi último encuentro con Lina, la rompí los esquemas. "Anna, vamos por partes", me dijo. Y empezó a enumerar consejos para aquella lista de cosas que me preocupaban. A veces pienso que tiene más ganas que yo de que un día no tenga nada que contarle. A la salida, me recomienda un libro y nos despedimos hasta dentro de dos semanas y me imagino que ella teme por mi inestabilidad en ese tiempo que me va a resultar imposible verla.
Poco a poco, voy tachando cosas de esa lista. "Conocer a los padres de él" es una de ellas. Ay, si sólo fueran padres. Añade dos hermanas y una abuela y tendrás el pack completo. "Si tenéis más familia, aprovechad para matar todos los pájaros de un tiro", bromeo yo. Y Al me dice que he estado para un 10 y sonríe de oreja a oreja. Eso me hace pensar que se siente orgulloso, si no de mí, de nuestra relación.
Vamos a ver regalos potenciales para Reyes y a Al se le encapricha del que justo tenía pensado comprarle. Intento convencerle de que es un capricho tonto para que no se lo lleve y al final me veo obligada a confesar. Llamo a Pit desde la misma tienda porque veo algo que sé que estaba buscando y que además está a mitad de precio. Pero cuando me coge el teléfono está muy triste. Casi diría que llorando y si no es así, poco le falta. Cuando colgamos no me parece que se sienta mejor, pero cuando uno toma una decisión, bien tomada está y es mejor que no haya vuelta atrás porque así todo es más sencillo y sólo te queda adaptarte a la nueva situación.
Y después de estos días sin hacer grandes cosas, pero sin parar al mismo tiempo, me entra una depresión que ni puedo describir al darme cuenta de que es domingo y, sin embargo, en unas horas estaré currando. Le digo a Al que me siento como los niños que lloran cuando tienen que ir al colegio. Yo también quiero jugar. Quiero seguir haciendo nuestras cosas. Visitando pisos pilotos que no podemos pagar y comiendo guarrerías mientras vemos una peli.
Lina me dio muchos de sus consejos, pero prima uno en mí: "Cuando te sobrevenga un pensamiento negativo, transfórmalo. Dale la vuelta y así disfrutarás del momento". Y es lo que intento cuando temo que este estado sea pasajero, tal vez porque sé que en el fondo lo es. Ya lo dice Julieta Venegas en aquella canción: "Nunca creí en la felicidad. A veces algo se le parece, pero es pura casualidad". Y Al me asegura: "Verás como esta vez es distinto". Y yo me le creo, porque siempre fue más bonito vivir con esperanza.
Anna.