Antes de nada, gracias a Iceman, Vanesa, Moon Yerarch y Anna sus comentarios. ¡Me hacen mucha ilusión! Me alegro de que os guste mi blog. El post que voy a publicar lo escribí hace más de una semana, pero no tengo tiempo ni para subirlo, mil perdones. Ahora estoy mucho mejor que aquel día, pero quería que no cayese en el olvido. En su momento, la canción "¿Qué hiciste?" lo resumía todo bastante bien. Allá va:
Hoy he vuelto a ver a Lina. Hemos hablado del amor y de la
traición. Ella dice que hasta los 28 años, cuando conoces a alguien, te
enamoras de lo que tú has proyectado en esa persona. Dice que los primeros
meses son decisivos: “Es como el trailer de una película. De ti depende si
quieres verla entera o no”, me dice. Y yo me encuentro tumbada en su butaca. Me
está dando el sol en la cara, pero se agradece su calorcito porque fuera hace
frío, mucho frío, y dentro de mí aún más.
“Una relación es como una partida de ajedrez. Él mueve su
ficha y tú debes mover la tuya en función de lo que él haya hecho. Luego él
tendrá que hacer lo mismo. El problema es que si se ausenta de la partida, te
está dejando fuera de juego”. Me lo explica con este ejemplo y yo me doy cuenta
de que tiene razón. “Si es así, siempre lo será”, y es que siempre digo que la
cabra tira al monte, y es una verdad como un templo.
Ayer por la mañana, Lord Voldemort me llamó por teléfono. Lloraba
como llora un niño pequeño. Simplemente no aguantaba más. Creo que había
estirado su relación hasta límites insospechados y ahora era imposible
estirarlo más. De hecho, creo que les había rebotado la relación en la cara. “Sólo recuerdo
lo bueno”- decía – “tengo miedo de que no podamos ser ni amigos”. Yo le dije
que quién iba a decirle a él que me iba a estar llorando por otra chica a día
de hoy. Si nosotros lo conseguimos, ellos lo harán, pero alargar algo que no
tiene sentido es inútil, estúpido y terriblemente doloroso. Cuanto más tiempo
pase, peor.
Y ahora me encuentro dando consejos a Lord Voldemort
mientras me enfrento a una situación que creo que me supera. “¿Cuántos golpes
soy capaz de superar?”, me preguntaba mientras me dirigía a mi reencuentro con
Padalecki. Supongo que la cuestión es plantearme si realmente quiero volver a
sufrir otro golpe.
Padalecki está sentado frente a mí. Acaba de derramar todo
el azúcar sobre la mesa y mientras lo amontonamos le digo que lo más sencillo
es no amar: “Así nunca te sentirás herido. No te defraudarán”. Él me dice que
entonces te pierdes un montón de cosas maravillosas y sí, sé que tiene razón,
pero es que sinceramente, NO PUEDO MÁS.
Luego me manda un mensaje y me dice que tenemos que quedar
más, que se lo pasa bien conmigo. Entonces recuerdo cuando Lord Voldemort me
dijo: “Tengo muchos amigos, pero cuando estoy mal es a ti a quien acudo”. De
alguna manera, sé que Padalecki también lo haría. Puede que no sólo a mí, pero
sé que confía en mí, y que no le importa que hable durante horas o le haga mil
preguntas. Al fin y al cabo, para eso somos periodistas.
Y estoy sentada en mi cama. Pumuky me mira y yo no puedo ni
mantener la mirada. Él siempre dice que soy más fuerte que él. No es así, sólo
tengo más experiencia en esto. Maldito mirador, ya no me gustas. Maldito
portazo inoportuno. Malditas conversaciones. Maldito tú y... Yo también.
Anna.