No sólo es una sensación rara, es una sensación horrible. Tener un vacío dentro que te acompaña allá donde vas. No tienes ganas de nada. Sales del trabajo y te vas directamente a casa. Coges un autobús que está lejos sólo para retrasar el momento de enfrentarte a ti, a tus miedos, a tu soledad. Abres la puerta y el calor de tu casa te provoca un sentimiento reconfortante, pero sólo en parte. Te pones el pijama, das forma al sillón y a ver qué ponen en la tele. A las malas tienes ese par de pelis que compraste a medio día, previendo lo que podría ocurrir esa noche.
El fin de semana transcurre lento, tranquilo. Llamas a esos amigos a los que hace tiempo que no ves y te das cuenta de están tan perdidos como tú. Quedas con una amiga, empiezas con unas cañas y terminas contando batallitas para hacerla sonreír. Una especie de Club de la comedia privado, hecho a base de recuerdos ridículos, graciosos, violentos, a veces incluso tiernos. Creo que lo bueno de los momentos malos es conseguir desdramatizar. Además, de lejos todo lo malo se ve de otra manera. Y así nos quedamos hasta las cuatro de la mañana, cuando te das cuenta de que es tarde para ir en metro, en autobús o andando. Llamas a un teletaxi y te despides con un abrazo amargo porque sientes su dolor y ella comprende el tuyo.
Y llega el domingo y te pasas la mañana durmiendo. Por la tarde, otra amiga te manda un mensaje que suena a rescate y vas sin dudar a su casa. Pasas un buen rato charlando para confirmar que hay cosas que sólo puedes contar a ciertas personas y que hay amistades que merece la pena conservar.
De pronto, te das cuenta de que el lunes está a la vuelta de la esquina, sólo quedan unas horas. Te entra una angustia horrible sólo de pensar en volver a aquel lugar y pasar horas y horas encerrada. Y lo peor es que cuando salgas no estará. Tampoco estará allí para verte a la hora de la comida. Y tu pena se multiplica y te sientes muy sola aunque no lo estás. Te invitan a tomar un café y aceptas a regañadientes. Ni siquiera tomas café. No te apetece ser sociable, no te apetece invitar.
Vuelves a tu ordenador y allí tratas de controlar el tiempo para que pase más deprisa. Llamas a tus amigos para que te consuelen, para que te den apoyo. A tus padres, a tu hermana. Bajas a pasear a la calle porque no soportas estar tanto tiempo sentada.
Al final, te das cuenta de que todo viene de lo mismo. Te echo de menos. Te llamo y te digo que te odio, te odio por marcharte, por dejarme sola cuando más te necesito. Te odio porque te quiero muchísimo, porque todo se pone patas arriba cuando tú no estás. Porque siento que esta herida no sanará hasta que vuelvas, hasta que nos perdamos bajo tu montón de sábanas. Las mismas que enredas con tus piernas mientras duermes, dejándome destapada... Pero me da igual porque siempre puedo abrazarte a ti para entrar en calor.
Necesito que vuelvas porque ya no sé estar sin ti. Porque no tengo alegría ni ilusión por salir de este sitio. Porque no estarás esperándome con tu sonrisa, con tus abrazos.
No quiero salir de la cama. No quiero que me digas que sueñas conmigo o que me pillarás con ganas cuando regreses. No quiero que me digas cuánto me echas de menos. Sólo quiero volver a tenerte a mi lado y oír cómo dices que me quieres mientras nos quedamos dormidos, abrazados...
Te quiero... Vuelve.
Anna.
Posted at 05:23 pm by echalefantasia
 | Posted by Moon Yerach @ 11/21/2007 05:31 PM PST |  |
Hola Anna...
Tan sólo quería saludarte. Hace un tiempo que te estoy leyendo, y me gusta mucho tu manera de escribir. En cierta manera, y en algunos aspectos, me siento bastante identificada contigo... Hace muy poquito yo también he "inauguado" un blog. Si te quieres pasar serás bienvenida.
Saludos!
M. |
 |

 | Posted by iceman @ 11/13/2007 08:25 AM PST |  |
Ese es el gran problema de anclarse tanto a una persona, hagamos lo que hagamos, estemos con quien estemos, pasemos lo que pasmemos, en la vida debemos mantener y conservar nuestro espacio vital, ese espacio que nos da alternativas, que nos da la independencia, que nos hace ser persona unica, que nos permite buscar otros caminos y que nos hace que nunca formemos parte del espacio vital de otros, sino que siempre tengamos el nuestro en consonancia con los demas.
Saludos! |
 |